HONDURAS La primera crisis latinoamericana en la era Obama

Por Emir Sader

Los que tenían evaluaciones reduccionistas, asimilando Obama a Bush, tendrán que reevaluar de inmediato sus visiones equivocadas. Bastó el golpe en Honduras –la primera gran crisis latinoamericana desde que empezó el gobierno de Obama– para que se viera cómo Estados Unidos recupera capacidad de acción en un continente donde la había perdido casi por completo.

Bush seguramente no habría condenado el golpe, menos todavía presionado a los golpistas para que aceptaran el retorno del presidente depuesto, como lo certifica el golpe en Venezuela. Pero lo hacen en un contexto en que los gobiernos latinoamericanos, que habían logrado dirimir por sí solos conflictos anteriores –como fue el caso del ocurrido entre Ecuador y Colombia a raíz de la invasión por el gobierno de Uribe a territorio ecuatoriano, en la reunión realizada en República Dominicana donde también retomaron relaciones normales, ahora perturbadas por la nueva onda de denuncias irresponsables de Uribe–, Colombia y Venezuela se ven apartados de la solución de la crisis hondureña. La existencia de Unasur, con un Consejo de Seguridad Su-damericano donde, por primera vez, no está Estados Unidos, que se limitó a mandar su flota naval, como para demostrar que sus armas son otras que las políticas, revela cómo el continente tiene sus formas propias de zanjar sus problemas y sus crisis.

Aun con ese poder de iniciativa, se cometió el error de aceptar la intermediación de Oscar Arias, no por casualidad propuesta por Hillary Clinton, que representa el ala más conservadora del nuevo gobierno norteamericano. Aun contando con una unánime condena internacional del golpe y con el apoyo al retorno de Zelaya al gobierno, el movimiento dirigido por el presidente hondureño aceptó la intermediación de Arias que, si bien lo recibió cuando fue expulsado por los militares de su país, además de haber mediado en los acuerdos de Contadora –que le valieron el Premio Nobel de la Paz–, retornó a la política costarricense para implementar el Tratado de Libre Comercio con EE.UU. En ese retorno, tuvo grandes dificultades para triunfar por muy pequeño margen en las elecciones, tanto es así que fue obligado a convocar un referéndum sobre el TLC, donde también triunfó por un margen muy estrecho. Es el hombre de Estados Unidos en la región, cuando otros gobiernos, como los de Nicaragua, El Salvador y del mismo Honduras, se distancian de Washington.

Arias se comportó exactamente como quería Estados Unidos. Promovió un reconocimiento de hecho al gobierno golpista, poniendo las dos partes a negociar como si tuvieran estatutos similares. Planteó en primer lugar la condición de que Zelaya retorne a la presidencia, pero renunciando a cualquier iniciativa propia, haciendo que termine su mandato, simplemente para mantener la continuidad institucional, como si ésta no hubiera sido claramente rota. Ni siquiera se acusaría a ningún golpista, al contrario de lo anunciado por Zelaya, que pretende sancionar a los militares que han perpetrado el golpe. Se terminaría el mandato, sin pena ni gloria, y como Zelaya perdió las elecciones internas del partido al que todavía pertenece, no concurriría con ninguna alternativa que permitiera que el pueblo se pronunciara sobre su gobierno.

Micheletti juega con la continuidad hasta que el nuevo gobierno sea elegido. La importante decisión de los presidentes del Mercosur afirma que no reconocerán a ningún gobierno que reciba la presidencia del surgido del golpe. Debiera ser una posición asumida por todos los que condenan el golpe.

Frente a la resistencia de Micheletti de devolver la presidencia a Zelaya, Estados Unidos pasó a jugar una alternativa, que es la de que las fuerzas armadas acepten las condiciones propuestas por Arias. Se difunde que la declaración de los altos mandos militares hondureños fue redactada en Washington, en la oficina de un senador demócrata norteamericano, para terminar de confirmar que el gobierno Obama busca de todas formas salvar la apariencia de institucionalidad, como si no hubiera habido ya una ruptura de la institucionalidad democrática que impide que Zelaya gobierne y que someta a su pueblo una alternativa de continuidad política fuera de las oligarquías que han dominado siempre al país, responsables de que sea uno de los más pobres del continente.

Así, tampoco se puede aceptar que Zelaya asuma simplemente para concluir el mandato, como si nada hubiera pasado –es decir, sin el castigo a los golpistas, entre ellos los altos mandos de las FF.AA., la alta cúpula del Poder Judicial, los políticos y dirigentes de los dos partidos tradicionales–, y sin que el pueblo pueda pronunciarse sobre el gobierno de Zelaya, que debiera poder lanzar un candidato, que represente la continuidad de su gobierno, por alguno de los partidos alternativos.

El retorno de Zelaya para solamente cumplir su mandato sería la victoria de la posición de Estados Unidos, salvando las apariencias, apareciendo como condenando al golpe, sin sancionar a los golpistas, haciendo que se cumplan las semanas que faltan del mandato de Zelaya, que se retiraría del gobierno y con ello terminarían las alternativas que empezaba a construir para Honduras.

Hace tiempo, desde el golpe en Venezuela, se incrementaron las ofensivas contra los gobiernos de Lula, de Evo Morales, de Cristina Kirchner, con que la derecha intenta frenar la ola de gobiernos que abandonaron el consenso neoliberal que los conservadores, apoyados por Estados Unidos, han impuesto en el continente. En caso de que logren ese “golpe blanco” en Honduras, habrían encontrado una vía sui generis, sin victoria electoral y sin ensuciarse directamente las manos en un golpe. Sería la primera victoria del gobierno Obama en el continente, en un momento en que las posturas bushistas de Uribe amenazan con provocar situaciones muy difíciles para el nuevo gobierno estadounidense, haciendo retroceder al escenario de aislamiento total en la región, cuando Colombia era su gran aliado.

Los gobiernos que han condenado el golpe en Honduras, que han construido Unasur y el Consejo Sudamericano de Defensa, tienen que hacerse responsables por una solución democrática para la crisis hondureña, al igual que deben hacerse cargo de los conflictos que rebrotan entre Colombia y sus vecinos, para parar definitivamente los chantajes de Uribe, que sirven apenas para recubrir su proyecto de instalación formal y abierta de una base militar norteamericana en su país. Lo cual, además, choca con la pertenencia al Consejo Sudamericano de Defensa, que debería reunirse para exigir una declaración formal del gobierno colombiano de que no violará los acuerdos del Consejo.

O América latina se hace cargo de sus problemas y de su destino, definitivamente, o el imperio, bajo una u otra forma, volverá a dictar las cartas en la región que más ha avanzado en el mundo en los procesos de integración regional y de construcción de alternativas al modelo neoliberal.

* Secretario ejecutivo de Clacso

TELEVISION › UN SISTEMA SATELITAL PUBLICO A NIVEL NACIONAL

Por una TV libre y gratuita

Con su instalación, el Gobierno pretende dar la posibilidad a las regiones menos desarrolladas de contar con un servicio televisivo. “Es hora de que todos los argentinos tengan acceso a un sistema de TV universal y de calidad”, destacó Tristán Bauer.


Emanuel Respighi

“Televisión abierta”, para todos y cada uno de los habitantes del país, está a punto de dejar de ser un slogan para convertirse en una realidad. A través del decreto 943/2009, el Gobierno autorizó la instalación, funcionamiento y operación de un sistema de TV satelital público a nivel nacional, mediante el cual el Estado dará la posibilidad a las personas y regiones menos desarrolladas del territorio de acceder a algún tipo de servicio televisivo. Además de garantizar el acceso, el decreto señala que el sistema estará conformado por “un paquete reducido de señales educativas, culturales e informativas”, sin dar mayores precisiones sobre la cantidad ni las características de esos canales. La implementación del sistema correrá por cuenta del Sistema Nacional de Medios Públicos (SNMP), a cargo de Tristán Bauer. “Es hora de que todos los argentinos tengan acceso a un sistema de TV público libre, gratuito, universal y de calidad”, destacó el cineasta a Página/12.

La resolución firmada por la presidenta Cristina Fernández busca zanjar la deuda histórica que el Estado tiene con una buena parte del territorio nacional, donde por aire no llega ningún tipo de canal de televisión. En efecto, hasta el momento son apenas 22 millones de argentinos los que tienen la posibilidad de sintonizar gratuitamente y por aire a la señal de Canal 7, a través de sus 295 repetidoras. O sea que alrededor de 13 millones de habitantes sólo pueden ver el canal público mediante la suscripción a algún tipo de servicio de televisión paga. De alguna manera, la puesta en marcha de un sistema de TV satelital integral como el que se propone, que es compatible con la demorada decisión acerca de la norma digital que adoptará el país, servirá para compensar las desigualdades sociales, de género y regionales que existen hoy entre los habitantes de las grandes urbes y aquellos que viven cerca de la frontera o en lugares geográficamente complejos.

“Cuando uno ve el mapa del territorio nacional que tiene cobertura televisiva por aire, libre y gratuita, no puede dejar de asustarse: así como hemos avanzado en el fortalecimiento de las instituciones, en el acceso a la información y al intercambio de ideas que permiten los medios de comunicación no hicimos demasiado en estas casi tres décadas de vida democrática”, reconoce Bauer, en su rol de presidente del directorio del SNMP. “El sistema satelital nos permitirá tener un paquete de señales de calidad, al que todos los habitantes podrán acceder mediante un decodificador y una antena parabólica”, agrega. El paquete de señales del sistema satelital de TV pública será distribuido por la empresa estatal de soluciones satelitales Arsat, desde el telepuerto que posee en la localidad bonaerense de Benavídez.

Si bien el decreto no es preciso ni sobre los contenidos ni las señales que se distribuirán a través del satélite AMC-6, Página/12 pudo saber que en una primera etapa los canales que formarán parte del sistema de televisión satelital público serán Canal 7, canal Encuentro y la señal infantil que actualmente se encuentra en avanzada producción y que mantendrá los mismos lineamientos que el bloque Pakapaka. A su vez, la penetración de Radio Nacional también se vería favorecida por la distribución satelital. En tanto, en una segunda etapa, Bauer piensa sumar a ese paquete una señal cultural dedicada al cine (en una asociación con el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales) y una cadena de noticias nacional. “De todas formas, en términos técnicos cualquier señal pública de otros países podrá formar parte del sistema. Y tanto TVE como Telesur serían opciones interesantes”, acota el presidente del SNMP, como un manera de ilustrar la lógica pública que signa al proyecto audiovisual estatal más ambicioso de las últimas décadas.

En cuanto a los tiempos de implementación del sistema, desde el Gobierno se ponen como meta el 2010, año en el que se conmemora el Bicentenario de la Revolución de Mayo. “No hablamos de semanas ni tampoco de años, más bien de meses”, aclara un entusiasmado Bauer. “Si bien hubo un trabajo preliminar con la gente del Comité Federal de Radiodifusión, la Comisión Nacional de Comunicaciones y Arsat, ahora debemos sentarnos a definir la puesta en marcha del sistema: ojalá a fin de año seamos capaces de distribuir televisión pública, libre, gratuita y de calidad para todos los argentinos”, especula el director de Iluminados por el fuego, entre otros films.

La decisión de la Presidenta de conformar este paquete de señales públicas satelitales hará que Encuentro, el canal perteneciente al Ministerio de Educación de la Nación que tantos elogios cosechó por la calidad de sus contenidos, deje de ser un canal de cable y pase a ser una señal de televisión libre y gratuita. De esta manera, el canal educativo-cultural ya no dependerá de los envíos de DVD’s a las 12 mil escuelas rurales del país para complementar los planes de estudios.

El éxito del sistema satelital de TV pública no sólo dependerá de la calidad de los contenidos que se emitan, sino también de que todos los habitantes del país puedan acceder gratuitamente a la televisión abierta. Si el Estado no implementa una política de financiamiento de los televisores, decodificadores y las antenas parabólicas para captar las señales en aquellas regiones más olvidadas, de nada servirá que el satélite tenga cobertura total de territorio nacional. “Así como con Encuentro hicimos una efectiva distribución de DVD’s a las escuelas rurales, creo que también el Estado puede ser capaz de equipar de tecnología necesaria a aquellos que no cuentan con los recursos para comprarlos. No descartamos que en los planes de vivienda que a futuro se pongan en marcha en las zonas que hoy no tienen cobertura las casas ya vengan equipadas con la antena parabólica y el decodificador necesarios para ver la televisión pública”, subraya Bauer.



Nosthalgia

Robert Bresson