Las Madres en el Senado, en apoyo a la nueva ley de Servicios de Comunicación Audiovisual "LA LEY DE LA DICTADURA ES UNA VERGÜENZA PARA EL MUNDO" La Presidenta de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, participó, este lunes 28 de septiembre, del debate de las comisiones del Senado en torno al proyecto de Ley de Servicios Audiovisuales. Ésta fue su intervención: “Esta ley la tenemos que sacar, esta ley nos prohibió hablar. Cuando escuchaba los discursos anteriores pensaba que después de 33 años, 34, la gente se olvida lo que pasaba, cuando se llevaban los hijos: uno, dos, tres; los medios, estos que estamos cuestionando decían ‘Son terroristas, está bien. Si los torturan y los matan, no pasa nada’. Se vino a mi cabeza una tarde que me llaman y me dicen que habían matado a un grupo grande de jóvenes, que no sabían cuántos, que estaban en el bosque y el diario decía ‘muertos en enfrentamientos’, y corrimos al bosque y habían sido fusilados y colgados de los árboles. Fusilados y colgados de los árboles. No sabíamos quiénes eran, no nos dejaron acercar, y los medios, todos, al otro día replicaron: ‘Muertos en enfrentamientos’. Otro día encontraron un camión frigorífico con 32 pibes colgados de los ganchos, ‘muertos en enfrentamientos’. Aquellos periodistas maravillosos que se animaron a decir fueron secuestrados y corrieron la misma suerte que nuestros hijos. Desde acá, desde este lugar, debemos reivindicarlos: 156 hombres que no se callaron y por no callar, no aparecieron. No teníamos cómo, ni manera posible de denunciar lo que nos estaba pasando. Nuestras casas quemadas, sin los hijos. Empezamos a idear nuevas formas de ver y lo primero que hicimos fue una tarjeta que, para que no fuera volante, cada una hacía las que podía, en cartulina, le ponía una cruz, un corazón sangrando, denunciando que nos faltaban los hijos y hacíamos cien, doscientas, trescientas: las que podíamos, y las repartíamos en las esquinas para que la gente supiera: ‘señores, no tenemos los hijos, no faltan’. No sé cuánta gente se enteró en las esquinas, en el barrio o en el supermercado hasta que nos corrían. Y después decidimos escribir los billetes de dinero, en cada billete poníamos ‘tengo un hijo desaparecido’, o dos, o tres, los que nos faltaban; y a la misma hora íbamos a la distintas ferias y ahí los repartíamos: pagábamos con ese dinero y era el volante que corría rápido y nos poníamos contentas porque más gente se estaba enterando que había desaparecidos, que eran hombres y mujeres que querían un país distinto, que amaban la patria y la tierra, que son nuestras, y ellos nos iban enseñando un país diferente: querían vivir y que otros vivan, querían que otros sueñen, que otros coman. Ese volante pasaba rápido hasta que nos empezaron a correr y llegar a nuestras casas y llevarnos presas porque era delito escribir el dinero. Y luego fuimos a las iglesias, y dentro de los cantos colocábamos papeles en los asientos porque no había forma de que esta prensa canalla dijera otra cosa. Por eso apoyamos, queremos y tiene que salir esta nueva ley, que no es de nadie. No es de Kirchner, ni de Cristina: es de todos los que hemos vivido en carne propia, los que todavía nos sangran las heridas. Esta ley es de todos nosotros, tiene que salir y no hay tutía que valga: si no estás con esta ley y querés la que está es porque estás con la dictadura sangrienta a la que no vamos a olvidar ni vamos a perdonar. Ahora mismo las Madres no tenemos medios. Por suerte tenemos una radio. ¿Alguien sabe lo que hacemos las Madres? No. Nadie sabe. Yo traje acá unos cuadernillos para algunos que no saben, sepan lo que estamos haciendo: cómo estamos construyendo esta patria que amamos y por la cual nuestros hijos dieron su sangre. La Radio es una cosa impresionante, necesaria, indispensable pero con una nueva ley, no con una ley que amordace, no con una ley que te calle. Cuando las Madres conseguimos sacar alguna solicitada en La Nación, La Prensa o Clarín nos cobraban más caro que dos departamentos juntos y teníamos que ir a la comisaría a buscar ‘certificados de buena conducta’ toda la familia para que eso saliera en el periódico. Pero la primera solicitada que salió con nuestros nombres no sólo nos costó un montón de dinero, nos costó la vida de tres de nuestras mejores Madres. Sí, sí, por culpa de la solicitada. La solicitada era la voz de las Madres, tenía nuestros nombres y nuestros domicilios. Y la prensa canalla no aceptó, no soportó y secuestro a tres de nuestras mejores Madres: Azucena Villaflor de Vicenti, Esther Ballestrino de Careaga y Mary Ponce. Fueron secuestradas por la Escuela de Mecánica de la Armada y tiradas al río y no salió nada. Hoy mismo decir que la Marina secuestró tres Madres, estos medios, Clarín, La Nación, La Prensa, y no les cuento la televisión, ni hablar; no quieren hablar de que hay tres Madres secuestradas. O sea que no sólo cuesta lo que ustedes saben sino que cuesta vida, todo el tiempo nos cuesta vidas. Esta ley de la dictadura es vergüenza, es una vergüenza para el mundo, no nos tenemos que seguir avergonzando, tenemos que estar orgullosos de que hay 156 periodistas que por decir la verdad prefirieron morir. (Casualmente, en ese instante se cortó el sonido del Senado. Lo que sigue son las palabras de Hebe, sin micrófono) (…) Va a quedar claro en el Parlamento, cuando este Senado vote a favor de la nueva ley, quiénes somos y adónde estamos cada uno de nosotros. Los que queremos la patria verdadera, para todos, esta patria que nos debemos. Cuando tengamos los medios, todos tenemos derechos, van a querer Clarín o La Nación pero por cada diario debe haber diez de los otros o veinte o treinta o cuarenta. Las Madres hicimos un boletín en el 80, y un periódico en el 84 y hoy sacamos una nueva revista. Porque nuestra voz no se escucha en ningún lado. Nadie sabe lo que hacemos, o no quieren saber, y nosotros nos ocupamos de que se sepa: ‘Sueños Compartidos’, son los únicos que se hacen realidad. Y con la ley de la dictadura seguramente no se puede compartir nada. Porque el capitalismo te manda eso: que nos ocupemos cada uno de sus propios hijos y nada más. Por suerte las Madres tenemos mucha fuerza todavía aunque tengamos entre 80 y 95 años cada una. Iba a traer algo para leer de la Radio Rebelde, donde el Che se comunicaba cuando estaban llegando a Cuba: una maravilla; pero preferí hablarle de las Madres, de lo que hacemos las Madres, de lo que amamos las Madres, de la pasión que ponemos en lo que hacemos: muchas de nosotras vamos dejando este mundo, por la edad, por el tiempo, pero también estamos dejando una forma de vivir, una forma de pensar, una forma de sentir, cueste lo que cueste. No importa cuántas veces nos pegaron, cuántas veces fuimos presas, no importa cuántos hijos nos faltan porque cada hijo nuestro nace en cada uno que trabaja, que lucha, que pelea, que está en la Universidad, que levanta una casa, que se levanta porque no quiere más la opresión. La ley es indispensable, no podemos seguir con la ley anterior. La ley anterior es de vergüenza. Con la ley anterior se quemaron libros, universidades, casas, personas, niños. No podemos seguir teniendo esta ley. Pienso que el Parlamento tiene hombres probos y mujeres valientes que también quieren una patria más grande, más linda, mejor, donde podamos vivir con libertad, donde las comunidades tengan su radio y su periódico, donde las universidades tengan su radio, los hospitales; y también una televisora, aunque sea para pasar los casamientos, ¿por qué no?. Tenemos derecho, y es el derecho a la libertad y la libertad empieza con eso: con poder opinar, que todos sepamos qué piensa el otro, pero no que haya un grupito que se adueñe de esos pensamientos y que ponemos la televisión y vemos todo lo mismo: los fachos, los fachos y los fachos. Estoy harta de eso y me hace acordar muchísimo a la dictadura. No queremos más dictaduras en este país. No podemos aceptar más dictaduras en Latinoamérica. No podemos aceptar más Golpes de Estado. No podemos aceptar más, las Madres, que nos saquen nuestros hijos. Nuestros hijos nos enseñaron todo lo que somos y todo lo que sabemos y, sobre todo, nos enseñaron a defender la libertad y aquí estoy para eso. Gracias”
"LA LEY DE LA DICTADURA ES UNA VERGÜENZA PARA EL MUNDO"
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Chomsky: América Latina es el lugar más estimulante del mundo
América Latina es hoy el lugar más estimulante del mundo, dice Noam Chomsky. Hay aquí una resistencia real al imperio; no existen muchas regiones de las que pueda afirmarse lo mismo.
Entrevistado por La Jornada, uno de los intelectuales disidentes más relevantes de nuestros tiempos señala que la esperanza en el cambio anunciada por Barack Obama es una ilusión, ya que son las instituciones y no los individuos los que determinan el rumbo de la política. A lo sumo, lo que el mandatario representa es un giro desde la extrema derecha al centro de la política tradicional estadounidense.
Presente en México para celebrar los 25 años de La Jornada, el autor de más cien libros, el lingüista, crítico antiimperialista, analista del papel que desempeñan los medios de comunicación en la manufactura del consenso, explica cómo la guerra a las drogas se inició en Estados Unidos como parte de una ofensiva conservadora contra la revolución cultural y la oposición a la invasión de Vietnam.
A continuación, presentamos la transcripción completa de sus declaraciones:
América Latina es hoy el lugar más estimulante del mundo. Por primera vez en 500 años hay movimientos hacia una verdadera independencia y separación del mundo imperial; se están integrando países que históricamente han estado separados. Esta integración es un prerrequisito para la independencia. Históricamente, Estados Unidos ha derrocado un gobierno tras otro; ahora ya no puede hacerlo.
Brasil es un ejemplo interesante. Hacia principios de los 60, los programas de (Joao) Goulart no eran tan diferentes de los de (Luiz Inacio) Lula. En aquel caso, el gobierno de (John F.) Kennedy organizó un golpe de Estado militar. Así, el Estado de seguridad nacional se propagó por toda la región como una plaga. Hoy día Lula es el muchacho bueno, al que están tratando de cultivar, en reacción a los gobiernos más militantes en la región. En Estados Unidos no publican los comentarios de Lula favorables a (Hugo) Chávez o a Evo Morales. Los silencian porque no son el modelo.
Hay un movimiento hacia la unificación regional: se empiezan a formar instituciones que, aunque no funcionan del todo, comienzan a existir. Es el caso de Mercosur y Unasur.
Otro caso notable en la región es el de Bolivia. Después del referendo hubo una gran victoria, y también una sublevación bastante violenta en las provincias de la Media Luna, donde están los gobernadores tradicionales, blancos. Un par de docenas de personas murieron. Hubo una reunión regional en Santiago de Chile donde se expresó un gran apoyo a Morales y una firme condena a la violencia, y Morales respondió con una declaración importante. Dijo que era la primera vez en la historia de América Latina, desde la conquista europea, en que los pueblos habían tomado el destino de sus países en sus propias manos sin el control de un poder extranjero, o sea Washington. Esa declaración no fue publicada en Estados Unidos.
Centroamérica está traumatizada por el terror reaganiano. No es mucho lo que sucede allí. Estados Unidos sigue tolerando el golpe militar en Honduras, aunque es significativo que no lo pueda apoyar abiertamente.
Otro cambio, aunque atropellado, es la superación de la patología real en América Latina, probablemente la región más desigual del mundo. Es una región muy rica, siempre gobernada por una pequeña elite europeizada, que no asume ninguna responsabilidad con el resto de sus respectivos países. Se puede ver en cosas muy simples, como el flujo internacional de capital y bienes. En América Latina la fuga de capitales es casi igual a la de la deuda. El contraste con Asia oriental es muy impactante. Aquella región, mucho más pobre, ha tenido mucho más desarrollo económico sustantivo, y los ricos están bajo control. No hay fuga de capitales; en Corea del Sur, por ejemplo, se castiga con la pena de muerte. El desarrollo económico allá es relativamente igualitario.
Control debilitado
Había dos formas tradicionales con las que Estados Unidos controlaba América Latina. Una era el uso de la violencia; la otra, el estrangulamiento económico. Ambas han sido debilitadas.
Los controles económicos son ahora más débiles. Varios países se han liberado del Fondo Monetario Internacional a través de la colaboración. También se han diversificado acciones entre el sur, en lo que la relación de Brasil con Sudáfrica y China ha entrado como factor. Han podido enfrentar algunos problemas internos sin la poderosa intervención de Estados Unidos.
La violencia no ha terminado. Ha habido tres golpes de estado en lo que va de este siglo. El venezolano, abiertamente apoyado por Estados Unidos, fue revertido, y ahora Washington tiene que recurrir a otros medios para subvertir al gobierno, entre ellos ataques mediáticos y apoyo a grupos disidentes. El segundo fue en Haití, donde Francia y Estados Unidos tiraron al gobierno y enviaron al presidente a Sudáfrica. El tercero es el de Honduras, que es un asunto mixto. La Organización de Estados Americanos asumió una postura firme y la Casa Blanca tuvo que seguirla, y proceder muy lentamente. El FMI acaba de otorgar un enorme préstamo a Honduras, que sustituye la reducción de asistencia estadounidense. En el pasado éstos eran asuntos rutinarios. Ahora esas medidas (la violencia y el estrangulamiento económico) se han debilitado.
Estados Unidos está reaccionando y ha dado pasos para remilitarizar la región. La Cuarta Flota, dedicada a América Latina, había sido desmantelada en los 50, pero se está rehabilitando, y las bases militares en Colombia son un tema importante.
La ilusión de Obama
La elección de Barack Obama generó grandes expectativas de cambio hacia América Latina. Pero son sólo ilusiones.
Sí hay un cambio, pero el giro es porque el gobierno de Bush se fue tan al extremo del espectro político estadunidense que casi cualquiera se hubiera movido hacia el centro. De hecho el propio Bush en su segundo periodo fue menos extremista. Se deshizo de algunos de sus colaboradores más arrogantes y sus políticas fueron más moderadamente centristas. Y Obama, de manera previsible, continúa con esta tendencia.
Giró hacia la posición tradicional. Pero ¿cuál es esa tradición? Kennedy, por ejemplo, fue uno de los presidentes más violentos de la posguerra. Woodrow Wilson fue el mayor intervencionista del siglo XX. El centro no es pacifista ni tolerante. De hecho Wilson fue quien se apoderó de Venezuela, sacando a los ingleses, porque se había descubierto petróleo. Apoyó a un dictador brutal. Y de allí continuó con Haití y República Dominicana. Mandó a los marines y prácticamente destruyó Haití. En esos países dejó guardias nacionales y dictadores brutales. Kennedy hizo lo mismo. Obama es un regreso al centro.
Es igual con el tema de Cuba, donde durante más de medio siglo Estados Unidos se ha involucrado en una guerra, desde que la isla ganó su independencia. Al principio esta guerra fue bastante violenta, especialmente con Kennedy, cuando hubo terrorismo y estrangulamiento económico, a lo que se opone la mayoría de la población estadunidense. Durante décadas, casi dos tercios de la población han estado en favor de la normalización de las relaciones, pero eso no está en la agenda política.
Las maniobras de Obama se fueron hacia el centro; suspendió algunas de las medidas más extremas del modelo de Bush, y hasta fue apoyado por buena parte de la comunidad cubano-estadunidense. Se movió un poco hacia el centro, pero ha dejado muy claro que no habrá cambios.
Las reformas de Obama
Lo mismo sucede en la política interna. Los asesores de Obama durante la campaña fueron muy cuidadosos en no dejarlo comprometerse con nada. Las consignas fueron la esperanza y el cambio, un cambio en el que creer. Cualquier agencia de publicidad sensata habría hecho que ésas fueran las consignas, pues 80 por ciento del país pensaba que éste marchaba por el carril equivocado. McCain decía cosas parecidas, pero Obama era más agradable, más fácil de vender como producto. Las campañas son sólo asuntos de mercadotecnia, así se entienden a sí mismas. Estaban vendiendo la marca Obama en oposición a la marca McCain. Es dramático ver esas ilusiones, tanto fuera como dentro de Estados Unidos.
En Estados Unidos casi todas las promesas hechas en el ámbito de reforma laboral, de salud, de energéticos, han quedado casi anuladas. Por ejemplo, el sistema de salud es una catástrofe. Es probablemente el único país en el mundo en el que no hay una garantía básica de atención médica. Los costos son astronómicos, casi el doble de cualquier otro país industrializado. Cualquier persona que tiene bien puesta la cabeza sabe que es la consecuencia de que se trate de un sistema de salud privado. Las empresas no procuran salud, están para obtener ganancias.
Es un sistema altamente burocratizado, con mucha supervisión, altísimos costos administrativos, donde las compañías de seguros tienen formas sofisticadas de evadir el pago de las pólizas, pero no hay nada en la agenda de Obama para hacer algo al respecto. Hubo algunas propuestas light, como por ejemplo la opción pública, pero quedó anulada. Si uno lee la prensa de negocios, encuentra que la portada de Business Week reportaba que las aseguradoras celebraban su victoria.
Se realizaron campañas muy exitosas en contra de esta reforma, organizadas por los medios y la industria para movilizar segmentos extremistas de la población. Es un país en el que es fácil movilizar a la gente con el miedo, e inculcarle todo tipo de ideas locas, como que Obama va a matar a la abuela de uno. Así lograron revertir propuestas legislativas ya de por si débiles. Si en verdad hubiera habido un compromiso real en el Congreso y la Casa Blanca, esto no hubiera prosperado, pero los políticos estaban más o menos de acuerdo.
Obama acaba de hacer un acuerdo secreto con las compañías farmacéuticas para asegurarles que no habrá esfuerzos gubernamentales por regular el precio de las medicinas. Estados Unidos es el único país en el mundo occidental que no permite que el gobierno use su poder de compra para negociar el precio de los medicamentos. Un 85 por ciento de la población se opone, pero eso no significa diferencia alguna, hasta que todos vean que no son los únicos que se oponen a estas medidas.
La industria petrolera anunció que va a utilizar las mismas tácticas para derrotar cualquier proyecto legislativo de reforma energética. Si Estados Unidos no implanta controles firmes sobre las emisiones de dióxido de carbono, el calentamiento global destruirá la civilización moderna.
El diario Financial Times señaló con razón que si había una esperanza de que Obama pudiera haber cambiado las cosas, ahora sería sorprendente que sí cumpliera con lo mínimo de sus promesas. La razón es que no quería cambiar tanto las cosas. Es una criatura de quienes financiaron su campaña: las instituciones financieras, las energéticas, las empresas. Tiene la apariencia de buen tipo, sería un buen acompañante de cena, pero eso no permite cambiar la política; la afecta un poco. Sí hay cambio, pero es un poco más suave. La política proviene de las instituciones, no está hecha por individuos. Las instituciones son muy estables y muy poderosas. Por supuesto, encuentran la manera de confrontar lo que sucede.
Más de lo mismo
Los medios están un poco sorprendidos de que se esté regresando adonde siempre se estuvo. Lo reportan, es difícil no hacerlo, pero el hecho es que las instituciones financieras se pavonean de que todo está quedando igual que antes. Ganaron. Goldman Sachs ni siquiera intenta ocultar que después de haber hundido la economía está entregando jugosos bonos a sus ejecutivos. Creo que en el pasado trimestre acaba de reportar las ganancias más altas de su historia. Si fueran un poquito más inteligentes lo intentarían ocultar.
Esto se debe a que Obama está respondiendo a quienes apoyaron su campaña: el sector financiero. Miren nada más a quién escogió para su equipo económico. Su primer asesor fue Robert Rubin, el responsable de la derogación de una ley que regulaba al sector financiero, lo cual benefició mucho a Goldman Sachs; asimismo, se convirtió en directivo de Citigroup, hizo una fortuna y se salió justo a tiempo. Larry Summers, quien fue la principal figura responsable de detener toda regulación de los instrumentos financieros exóticos, ahora es el principal asesor económico de la Casa Blanca. Y Timothy Geithner, quien como presidente de la Reserva Federal de Nueva York supervisaba lo que sucedía, es secretario del Tesoro.
En un reportaje reciente se examinó a algunos de los principales asesores económicos de Obama. Se concluyó que gran parte de ellos no deberían estar en el equipo de asesoría, sino enfrentando demandas legales, porque estuvieron involucrados en malos manejos en la contabilidad y otros asuntos que detonaron la crisis.
¿Por cuánto tiempo se pueden mantener las ilusiones? Los bancos están ahora mejor que antes. Primero recibieron un enorme rescate del gobierno y los contribuyentes, y lo utilizaron para fortalecerse. Son más grandes que nunca; absorbieron a los débiles. O sea, se está sentando la base para la próxima crisis. Los grandes bancos se están beneficiando con una póliza de seguros del gobierno, que se llama demasiado grande para fallar. Si se es un banco enorme o una casa de inversión importante, es demasiado importante para fracasar. Si se es Goldman Sachs o Citigroup, no puede fracasar porque eso derrumbaría toda la economía. Por eso pueden hacer préstamos riesgosos, para ganar mucho dinero, y si algo falla, el gobierno los rescata.
La guerra contra el narco
La guerra contra la droga, que desgarra a varios países de América Latina entre los que se encuentra México, tiene viejos antecedentes. Revitalizada por Nixon, fue un esfuerzo por superar los efectos de la guerra de Vietnam en Estados Unidos.
La guerra fue un factor que llevó a una importante revolución cultural en los 60, la cual civilizó al país: derechos de la mujer, derechos civiles. O sea, democratizó el territorio, aterrorizando a las elites. La última cosa que deseaban era la democracia, los derechos de la población, etcétera, así que lanzaron una enorme contraofensiva. Parte de ella fue la guerra contra las drogas.
Ésta fue diseñada para trasladar la concepción de la guerra de Vietnam, de lo que nosotros les estábamos haciendo a los vietnamitas, a lo que ellos nos estaban haciendo a nosotros. El gran tema a fines de los 60 en los medios, incluso los liberales, fue que la guerra de Vietnam fue una guerra contra Estados Unidos. Los vietnamitas estaban destruyendo a nuestro país con drogas. Fue un mito fabricado por los medios en las películas y la prensa. Se inventó la historia de un ejército lleno de soldados adictos a las drogas que al regresar se convertirían en delincuentes y aterrorizarían a nuestras ciudades. Sí, había uso de drogas entre los militares, pero no era muy diferente al que existía en otros sectores de la sociedad. Fue un mito fabricado. De eso se trataba la guerra contra las drogas. Así se cambió la concepción de la guerra de Vietnam a una en la que nosotros eramos las víctimas.
Eso encajó muy bien con las campañas en favor de la ley y el orden. Se decía que nuestras ciudades se desgarraban por el movimiento antibélico y los rebeldes culturales, y que por eso teníamos que imponer la ley y el orden. Allí cabía la guerra contra la droga.
Reagan la amplió de manera significativa. En los primeros años de su administración se intensificó la campaña, acusando a los comunistas de promover el consumo de drogas.
A principios de los 80 los funcionarios que tomaban en serio la guerra contra las drogas descubrieron un incremento significativo e inexplicable de fondos en bancos del sur de Florida. Lanzaron una campaña para detenerlo. La Casa Blanca intervino y suspendió la campaña. Quien lo hizo fue George Bush padre, en ese tiempo encargado de la guerra contra las drogas. Fue cuando la tasa de encarcelamiento se incrementó de manera significativa, en gran parte con presos negros. Ahora el número de prisioneros per cápita es el más alto en el mundo. Sin embargo, la tasa de criminalidad es casi igual que en otros países. Es un control sobre parte de la población. Es un asunto de clase.
La guerra contra las drogas, como otras políticas, promovidas tanto por liberales como por conservadores, es un intento por controlar la democratización de fuerzas sociales.
Hace unos días, el Departamento de Estado de Obama emitió su certificación de cooperación en la lucha contra las drogas. Los tres países que fueron descertificados son Myamar, una dictadura militar -no importa, está apoyada por empresas petroleras occidentales-, Venezuela y Bolivia, que son enemigos de Estados Unidos. Ni México, ni Colombia, ni Estados Unidos, en todos los cuales hay narcotráfico.
Un lugar interesante
El elemento central del neoliberalismo es la liberalización de los mercados financieros, lo cual hace vulnerables a los países que tienen inversionistas extranjeros. Si uno no puede controlar su moneda y la fuga de capitales, está bajo control de los inversionistas extranjeros. Pueden destruir una economía si no les gusta lo que este país hace. Ésa es otra forma de controlar pueblos y fuerzas sociales, como los movimientos obreros. Son reacciones naturales de un empresariado muy concentrado, con gran conciencia de clase. Claro que hay resistencia, pero fragmentada y poco organizada, y por ello pueden seguir promoviendo políticas a las que se opone la mayoría de la población. A veces esto llega al extremo.
El sector financiero está igual que antes; las aseguradoras de salud han ganado con la reforma sanitaria, las empresas energéticas ganarán con la reforma energética, los sindicatos han perdido con la reforma laboral y, por supuesto, la población de Estados Unidos y la del mundo pierden porque ya de por sí la destrucción de la economía es grave. Si se destruye el medio ambiente, los que de veras sufrirán son los pobres. Los ricos sobrevivirán a los efectos del calentamiento global.
Por esto América Latina es uno de los lugares verdaderamente interesantes. Es uno de los sitios en los que hay verdadera resistencia a todo esto. ¿Hasta dónde llegará? No se sabe. No me sorprendería que haya un giro a la derecha en las próximas elecciones en América del Sur. Aun así, se ha logrado un avance que sienta las bases para algo más. No hay muchos lugares en el mundo de los que pueda decirse lo mismo.
(La Jornada de México) de cuba debate
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Etiquetas: america latina, chomsky, imperialismo