Púrpura

Hay algo y hay la nada que vienen de lejos y de aquí.
Púrpura la sombra de las estatuas, un olvido, un principio entre los labios,
Al que mora en el bosque no le importa la arena que declina,
fuera está de los instantes y las sombras.
Anémonas lloran la muerte de Adonis,
la pequeña mano de una judía sostiene membrillos maduros,
para parir seguidores de un dios.
Pero a ti que naciste te desampara esa cosa, el tiempo.
En el solsticio de verano nacerán niños afortunados,
antiguas coronas se dibujan sobre sus frentes.
Alguien caminará por Biblos o Síbaris sosteniendo un obsequio,
o caminará en Atenas y en Pompeya,
llevando un espejo de biseles púrpuras,
desde allí surgirán tus pasos, al sur, en Buenos Aires, al ocaso.
Esa continuidad de puntos que contarás detrás del miedo y que no contarás,
como quién sostiene un enigma.
Las frágiles vestales de Roma,
en círculo, con sus vestidos de lino blanco,
ostentan las cofias púrpura
y miran de reojo sus reflejos sobre el mármol.
Efímero, dirigirse hacia donde
Augusto con su capa de orlas, no envidiará el rostro bermejo de Marte,
un tirano menor con su mano ahuecada por el oro,
confiere su reino por el color de los poetas.
Púrpuras habitaciones habrá en Bizancio,
para creencias, destinos y coronas,
una biblioteca hecha de presagios se hundirá en los recovecos del fuego,
Un espacio de la mente como la lluvia
el árbol del aliso de los galos,
el cedro de griegos,
escarlata esa cruz que cuelga de los aires,
el mismo asombro sobre los ojos,
el teorema de la belleza es púrpura.
Al anochecer, se extiende la pampa como un poncho quieto.
Y tus pasos.

1 comentarios:

mercedes saenz dijo...

Púrpura, después de esta lectura la imagino viva y de mil colores. Feliictaciones! Un abrazo Merci

Nosthalgia

Robert Bresson